Actividades
¡Queremos la paz en el mundo!
La paz es un estado de bienestar, tranquilidad, estabilidad y seguridad, que es opuesto a la guerra y tiene una connotación positiva. Es un estado de armonía que está libre de guerras, conflictos y contratiempos. La paz es uno de los valores fundamentales en las relaciones inter e intrapersonales, que puede entenderse en distintos niveles o ámbitos y que siempre supone la búsqueda de un equilibrio y el respeto por los derechos humanos.
Es por medio de la paz que los individuos pueden sentirse a gusto y en armonía consigo mismos y con su entorno social. Es un acuerdo tácito que permite a todos los individuos realizar sus actividades sin interferencias y prevenir la violencia. Además, busca fortalecer los vínculos sociales y que primen los valores del respeto, la justicia y la aceptación.
En el plano de las relaciones internacionales es importante que prime la paz y que los conflictos de intereses entre las partes puedan resolverse con acuerdos o tratados, debido a que los conflictos armados son socialmente nocivos.
La paz no solo es un estado personal, sino también una práctica en nuestras relaciones con los demás. Construir y mantener la paz en nuestras interacciones requiere empatía, comprensión y, a menudo, la capacidad de perdonar. Reconocer que cada persona tiene su propia lucha, su propio camino hacia la paz, puede ayudarnos a interactuar con los demás desde un lugar de compasión y paciencia.
En nuestras relaciones, la comunicación honesta y respetuosa es clave para la paz. Esto implica escuchar tanto como hablar, y abordar los conflictos no como batallas a ganar, sino como oportunidades para entender mejor a la otra persona y encontrar soluciones juntos. Al abordar las diferencias con respeto y mente abierta, abrimos la puerta a una armonía más profunda.
Varios autores y personalidades sociales y políticas dieron sus ideas sobre el concepto de paz. Algunas de las más representativas son:
Mahatma Gandhi: “No hay camino hacia la paz, la paz es el camino”.
Martin Luther King: “Paz no es solo una meta distante que buscamos, sino un medio por el cual llegamos a esa meta”.
Confucio: “Si no estamos en paz con nosotros mismos, no podemos guiar a otros en la búsqueda de la paz”.
Nelson Mandela: “La paz no es simplemente la ausencia de conflicto; la paz es la creación de un entorno en el que todos podemos prosperar”.
Santa Teresa de Calcuta: “La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias”.
Eleanor Roosevelt: “No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla”.
En 1968 la Iglesia Católica tuvo la feliz idea de añadir al primer día del año, festividad de María, Madre de Dios, la celebración de la JORNADA DE LA PAZ.
El Papa Pablo VI nos recordaba algunos de los puntos que debían caracterizar esta Jornada:
“La necesidad de defender la paz frente al peligro de supervivencia de los egoísmos en las relaciones entre las naciones, el peligro del recurso a los terribles armamentos exterminadores de los que algunas Potencias disponen el peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón no en las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo por los de las fuerzas espantosas y mortíferas”.
Para el cristiano “proclamar la paz es anunciar a Cristo; «Él es nuestra paz» (Ef. 2, 14); el suyo es «Evangelio de paz» (Ef. 6, 15): mediante su sacrificio en la Cruz, El realizó la reconciliación universal y nosotros, sus seguidores, estamos llamados a ser «operadores de la Paz» (Mt. 5, 9); y sólo del Evangelio, al fin, puede efectivamente brotar la Paz”.
Finalizaba así: “Nosotros, los creyentes del Evangelio, podemos, como ninguno, hablar del amor al prójimo, podemos sacar del precepto evangélico del perdón y de la misericordia gérmenes regeneradores de la sociedad. Nosotros podemos tener un arma singular para la Paz, la oración, con la posibilidad que ella ofrece a cada uno para examinarse individual y sinceramente acerca de las raíces del rencor y de la violencia que pudieran encontrarse en el corazón de cada uno”.
Y 57 años después, el 1 de enero de 2025, el Papa Francisco volvía a recordar esta jornada, indicándonos:
“El desarme del corazón es un gesto que involucra a todos, a los primeros y a los últimos, a los pequeños y a los grandes, a los ricos y a los pobres. Con estos gestos nos acercamos a la meta de la paz y la alcanzaremos más rápido; es más, a lo largo del camino, junto a los hermanos y hermanas reunidos, nos descubriremos ya cambiados respecto a cómo habíamos partido. En efecto, la paz no se alcanza sólo con el final de la guerra, sino con el inicio de un mundo nuevo, un mundo en el que nos descubrimos diferentes, más unidos y más hermanos de lo que habíamos imaginado”
El actual Papa, León XIV, a lo largo de las celebraciones de este año jubilar se ha referido incesantemente a favor de la paz. Suyo es el lema que dictó desde el balcón del Vaticano donde se comunicó su elección: Hacia una paz desarmada y desarmante. El Pontífice “invita a la humanidad a rechazar la lógica de la violencia y de la guerra, para abrazar una paz auténtica, fundada en el amor y en la justicia. Una paz que no es simplemente la ausencia de conflicto, sino una opción de desarme, es decir, no fundada en el miedo”.
Pero nos recuerda que “allí donde parece prevalecer el dolor, surge la mayor responsabilidad: construir un mañana de reconciliación. Una paradoja, en el mundo actual, que exige sacudidas capaces de romper la inercia del statu quo”.
Cuando, en 1968, se propuso la primera Jornada Mundial de la Paz los conflictos más importantes eran Vietnam y las revueltas de Praga, México y los estudiantes de París, mientras que hoy, además del eterno conflicto de Gaza y de la invasión rusa en Ucrania, tenemos muchos casos en África (Burkina Faso, Somalia, Sudan, Nigeria) que no salen tanto en los telediarios o en Yemen y Siria.
¿Qué conclusión podemos llevar a cabo después de estudiar estas reiteradas llamadas a la paz?
Que hemos empeorado sensiblemente. Las tres grandes potencias mueven a su antojo estos conflictos y mi opinión es que cada vez habrá más escenarios bélicos. La Iglesia, como centro de unión intercontinental, no cesa de llamar la atención de nosotros, los creyentes, para que, al menos, iniciemos nuestro interior proceso de paz con quienes nos rodean. Pero este movimiento, ¿llega a los centros de decisión global para mitigar la realidad? ¿estas llamadas de los pontífices calan en el ánimo de los tres “grandes”?
Los latinos decían Si vis pacem, para bellum (Si quieres la paz, prepara la guerra), y eso es lo que parece estar primando hoy (el asunto del servicio militar está de moda en nuestros vecinos europeos). Va a haber que darles la razón a aquellos romanos.
León XIV rebate ese lema con: Si quieres la paz, prepara instituciones de paz. Y remata su argumento así: “No sólo desde las alturas, sino desde abajo, en diálogo con todos. La condición universal para construirla sigue siendo una: «¡Sin perdón, nunca habrá paz!”
Hagamos nuestras estas intenciones del Santo Padre. Empecemos nosotros mismos, desde abajo, y confiemos en que El Señor toque los corazones de los que mueven los hilos, de los que buscan el entendimiento en el mundo y logremos entre todos poner en valor esta plegaria: ¡Queremos la paz en el mundo!
Damián Novillo Manzaneque
Laico de la parroquia de Santiago Apóstol de Quintanar de la Orden

